Israel Tuan vivía en una casa vieja y tenía varios problemas. De casi todos sus problemas ninguno tenía mayor importancia, o eso creía él.
Una mañana del primer lunes del mes de Julio, Israel bajó a comprar el pan y de vuelta, por el camino se encontró una mujer hermosa, veinte años más joven que él.
La mujer aunque hermosa, no vestía bien y su pelo al igual que sus ropas, estaban llenas de mugre. Al primer vistazo Israel pensó en lo hermosa que era esa mujer, pero cuando esta se le acercó su repulsión hacia ella fue más que evidente. De un golpe de bastón la apartó.
La mujer susurró algo que Israel no pudo entender, y este por pena le lanzó una moneda.
De pronto Israel empezó a sentirse menos preocupado por sus problemas, de casi todos, porque para él era costumbre volver a casa pensando como podía solucionarlos, aunque nunca lo hiciera.
De pronto creyó volverse senil, le parecía el camino a casa demasiado pesado, demasiado largo. Y es que sin ninguna lógica o explicación y sin saber como su cuerpo estaba menguando y sus pasos se hacían más pequeños.
Lo curioso del caso es que Israel crecía si daba marcha atrás, esto lo descubrió cuando era del tamaño de una hormiga y no alcanzaba el pomo de la puerta de su casa.
Del tamaño de una hormiga y con una miga de pan, inmediatamente le rodearon más hormigas que le intentaban quitar de las manos su pan.
Israel después de forcejear un rato desistió. Con las manos vacías dio marcha atrás y cuando era del tamaño de una lagartija intentó arrebatarles a las hormigas su pan.
De nuevo con su pedacito de pan Israel camino unos pasos más atrás bajando por una concurrida avenida y del tamaño de una pelota de tenis, de un golpe de pie empezó a dar volteretas por el aire, hasta que al lomo de un mastín fue a parar.
Se agarró fuerte a su pelo y el mastín empezó a correr en dirección a casa de Israel, menguando a tal velocidad, que Israel, empezaba a temer por su propia existencia.
Aunque por suerte de él, el perro paró en seco a olisquear una farola, y fue cuando nuestro protagonista, el señor Israel se bajo ayudado todavía de su bastón, del tamaño de un palillo, y se deslizó por la cola del animal y aterrizó de bruces al suelo.
Fue en ese mismo instante cuando volvieron las hormigas y le arrebataron de nuevo su pan.
Israel, temeroso lo dejó estar. Pensó que cuando fuera de su tamaño normal, esa miga no le iba a saciar.
Poco a poco fue recuperando estatura, aunque se sentía cansado, ya que treinta pasos suyos era un paso de una persona normal.
Cuando creció hasta el tamaño de un niño de ocho años la gente que pasaba por su lado se reía de él, pocos lo hacían con disimulo. Un señor le llegó a parar preguntándole que donde estaban las carpas del circo e Israel, un hombre mayor y de rostro cansado, solo pudo ignorarle aunque le hubiera gustado decirle alguna que otra palabra y quien sabe si hubieran llegado a las manos.
Pero ahora lo que más le preocupaba era recuperar su tamaño normal. Dejó a aquel hombre atrás llegando a la conclusión de que la mujer hermosa, veinte años más joven y de apariencia mugrosa, le había echado una maldición.
Cuando ya se había acostumbrado a oír las risitas y el murmullo de la gente a su alrededor, Israel se encontraba a apenas unos quince pasos de recuperar su tamaño normal, justo unos pasos delante de la panadería, que por cierto empezaba a cerrar las puertas.
Casi había volado el día, y que tarde se le había hecho y que despreocupado de todas sus tareas y problemas por solucionar que había antepuesto este último a los demás, y a apenas unos centímetros de alcanzar su total estatura, Israel se topó con la mujer hermosa que le había echado la maldición.
Ella se le quedó mirando con una sonrisa, e Israel sin tiempo de decirle que deshiciera esa horrible maldición, ella se le adelantó devolviéndole la moneda y diciéndole que la única manera de poder volver a su casa sin que volviera a menguar, sería si le daba un pedazo de su barra de pan antes del anochecer.
Pero para la desgracia de Israel, la panadería ya estaba cerrada y su barra de pan hace un buen rato se la habían llevado las hormigas.
La mujer soltó una carcajada horrible que hizo temblar desde la cabeza hasta la punta del bastón de Israel, ya que tendría que vérselas de nuevo con las hormigas y posiblemente eso sería lo menos complicado.
Y de nuevo Israel dio media vuelta menguando poco a poco hasta desaparecer.


